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El último gran discurso de Obama

En el último discurso del Presidente Obama sobre el Estado de la Unión me han llamado la atención algunas ideas por la importancia que tienen no solo para EEUU sino para el mundo. Es la forma en la que los americanos conciben su propia realidad y nos dice mucho de su forma de entender la vida. Cuando parece que se ha alcanzado un acuerdo entre EEUU y Rusia para la primera tregua en la guerra de Siria que entrará en vigor en los próximos días merece la pena saber cómo siente el pueblo estadounidente en palabras de su Presidente.

Reproduzco aquí algunos párrafos del discurso que se puede consultar íntegro en la web de The White House:

Vivimos en una época de cambios extraordinarios: cambios que están redefiniendo la manera en la que vivimos, la manera en la que trabajamos, nuestro planeta y el lugar que ocupamos en el mundo. Es un cambio que promete increíbles avances médicos, pero también perturbaciones económicas que presionan a las familias trabajadoras. Promete educar a niñas en las aldeas más remotas, pero también conecta a los terroristas que conspiran contra nosotros desde el otro lado del océano. Es un cambio que puede ampliar oportunidades o ampliar desigualdades.

Como dijo Lincoln, no nos aferramos a los “dogmas del pasado sereno”, sino que pensamos y actuamos de forma innovadora. Hicimos que el cambio trabajara en nuestro beneficio, siempre extendiendo la promesa de Estados Unidos hacia afuera, a la siguiente frontera, a más y más personas. Y, como lo hicimos, como vimos oportunidades donde otros vieron tan solo peligros, nos hicimos más fuertes y mejores que antes.

Así que hablemos sobre el futuro y sobre cuatro preguntas clave que tenemos que responder como país, independientemente de quién sea el próximo Presidente o quién controle el Congreso.

Primero, ¿cómo le damos a cada uno una posibilidad justa de tener oportunidades y seguridad en esta nueva economía? Segundo, ¿cómo haremos para que la tecnología juegue a nuestro favor y no en nuestra contra, especialmente cuando se trata de resolver los desafíos más urgentes como el cambio climático? Tercero, ¿cómo haremos para garantizar la seguridad de Estados Unidos y liderar el mundo sin convertirnos en la policía mundial? Y por último, ¿cómo haremos para que nuestra política refleje nuestras mejores virtudes en vez de nuestros peores defectos?

Obama

He dicho antes que todo el discurso sobre la decadencia económica de Estados Unidos es pura palabrería política. Y también lo es la retórica que oyen acerca de que nuestros enemigos son cada vez más fuertes y Estados Unidos cada vez más débil. Estados Unidos de América es la nación más poderosa de la Tierra. Punto. Ni siquiera está cerca. Gastamos más en nuestras fuerzas militares que las siguientes ocho naciones juntas. Nuestras tropas son las mejores fuerzas de combate de la historia del mundo. Ninguna nación se atreve a atacarnos, ni a nosotros ni a nuestros aliados, porque saben que eso les llevaría a la ruina.

Las encuestas demuestran que nuestra posición en el mundo es mejor que cuando salí elegido para este cargo, y cuando se trata de asuntos internacionales importantes, la gente del mundo no busca ayuda en Pekín o Moscú —nos llaman a nosotros.

A pesar de sus convenios económicos, Rusia vuelca sus recursos para apuntalar a Ucrania y Siria, estados que se les escapan de su órbita. Y el sistema internacional que creamos después de la Segunda Guerra Mundial ahora le está costando seguir el ritmo de esta nueva realidad.

Depende de nosotros ayudar a rehacer ese sistema. Y eso significa que tenemos que establecer prioridades.

La prioridad número uno es la protección del pueblo estadounidense y la persecución de las redes terroristas. Tanto Al Qaeda como ahora ISIL representan una amenaza directa contra nuestro pueblo, porque en el mundo actual, un puñado de terroristas que desprecian el valor de la vida humana, incluso de la propia, pueden hacer mucho daño. Usan Internet para envenenar las mentes de los individuos dentro de nuestro país y debilitan a nuestros aliados.

Pero a medida que nos centramos en la destrucción de ISIL, afirmar que esta es la Tercera Guerra Mundial es entrar en su juego. Masas de combatientes montados en camionetas y almas retorcidas que conspiran en apartamentos o garajes resultan un gran peligro para los civiles y deben ser detenidos, pero no son una amenaza para nuestra existencia nacional. Esa es la historia que ISIL quiere contar; es el tipo de propaganda que ellos usan para reclutar.

No necesitamos darles más publicidad para mostrar que somos serios, ni necesitamos alejar aliados vitales en esta lucha haciéndonos eco de la mentira de que ISIL representa una de las religiones más grandes del mundo. Solo tenemos que llamarles lo que son: asesinos y fanáticos que tenemos que localizar, perseguir y destruir. Cuando alguien ataca al pueblo estadounidense, vamos a por ellos. Puede llevar tiempo, pero tenemos buena memoria y nuestro alcance no tiene límites.

Tampoco podemos intentar hacernos cargo y reconstruir cada país que entre en crisis.

Estados Unidos siempre entrará en acción, de ser necesario por su propia cuenta, para proteger a nuestro pueblo y a nuestros aliados; pero con respecto a los temas de interés global, movilizaremos al mundo para que trabaje con nosotros, y nos aseguraremos de que otros países pongan de su parte.

Así es como vemos los conflictos como el de Siria, donde nos hemos unido a las fuerzas locales y estamos liderando esfuerzos internacionales para ayudar a esa sociedad descompuesta a conseguir una paz duradera. Por ese motivo creamos una coalición global con sanciones y una diplomacia de principios para evitar que Irán tuviera armas nucleares. Mientras hablamos, Irán ha dado marcha atrás a su programa nuclear, ha remitido su arsenal de uranio y el mundo ha evitado otra guerra.

El liderazgo de Estados Unidos en el siglo XXI no es una elección entre no hacer caso al resto del mundo, excepto cuando asesinamos a terroristas; u ocupar y reconstruir cualquier sociedad que se esté desmoronando. El liderazgo significa saber usar sabiamente la fuerza militar y movilizar al mundo detrás de las causas justas. Significa tratar la asistencia al extranjero como parte de nuestra seguridad nacional, no una beneficencia. Cuando estamos a la cabeza para guiar a casi 200 naciones hacia el acuerdo más ambicioso de la historia en la lucha contra el cambio climático, eso ayuda a los países vulnerables, pero también protege a nuestros hijos. Cuando ayudamos a Ucrania a defender su democracia, o a Colombia a resolver una guerra que ha durado décadas, eso fortalece el orden internacional del cual dependemos. Cuando ayudamos a los países africanos a alimentar a sus pueblos y a cuidar a sus enfermos, eso ayuda a evitar que la próxima pandemia llegue a nuestras costas. Ahora mismo estamos encaminados a dar fin al flagelo del VIH/SIDA y tenemos la capacidad de conseguir lo mismo con la malaria, lo cual voy a promover para que lo financie el Congreso este año.

Eso es fuerza. Eso es liderazgo. Y ese tipo de liderazgo depende del poder de nuestro ejemplo.

Esto me lleva al cuarto punto, y tal vez lo más importante que quiero decir esta noche.

El futuro que queremos, oportunidad y seguridad para nuestras familias, un nivel de vida cada vez mayor y un planeta sustentable y en paz para nuestros hijos; todo eso está a nuestro alcance. Pero solo ocurrirá si trabajamos juntos. Solo ocurrirá si podemos mantener debates racionales y constructivos.

Solo ocurrirá si arreglamos nuestra política.

Una política mejor no significa que tengamos que estar de acuerdo en todo. Nuestra vida pública se marchita cuando solo reciben atención las opiniones más extremas. Hay mucha gente en esta cámara que querría ver más cooperación, un debate más elevado en Washington, pero se sienten atrapados por la presión de verse reelegidos. Lo sé, ustedes me lo han dicho. Y si queremos que la política mejore, no valdrá solo con cambiar a un congresista o a un senador, o incluso a un presidente; tenemos que cambiar el sistema y mostrar nuestro lado más positivo.

Es más fácil ser cínicos; aceptar que el cambio no es posible, que no hay esperanza en la política y creer que nuestras voces y acciones no importan. Pero si nos rendimos ahora, cedemos un futuro mejor. Aquellos con dinero y poder ganarán más control sobre las decisiones que podrían mandar a un joven soldado a la guerra, o dejar que ocurra otro desastre económico, o perder los derechos de igualdad y los derechos de voto que generaciones de estadounidenses han conseguido con su lucha e incluso con sus vidas. A medida que aumente la frustración habrá voces que nos pedirán que nos refugiemos en nuestras tribus, que otros conciudadanos sean el chivo expiatorio, un grupo que no se parezca a nosotros, o que no rece como nosotros, o que no vote como nosotros ni comparta los mismos orígenes.

No podemos permitirnos elegir ese camino. No nos dará la economía que queremos, ni la seguridad que buscamos, pero sobre todo contradice todo lo que nos define como la envidia del mundo.

Permanecer activos en nuestra vida pública para que refleje la bondad, la decencia y el optimismo que veo en el pueblo estadounidense cada día.

Lo veo en el estadounidense que cumplió una condena y que sueña con empezar de nuevo, y en el propietario de un negocio que le da esa segunda oportunidad. El activista empeñado en demostrar que la justicia importa, y el joven policía que hace sus rondas, que trata a todos con respeto, que hace el trabajo valiente y callado de mantenernos seguros.

Lo veo en la señora mayor que esperará en fila para votar el tiempo que sea necesario; el nuevo ciudadano que vota por primera vez; los voluntarios en las urnas que creen que cada voto debería contar, porque cada uno de ellos sabe de una manera u otra lo preciado que es ese derecho.

Ese es el Estados Unidos que yo conozco. Ese es el país que todos amamos. Con la mirada perspicaz. Con el corazón grande. Con el optimismo de que la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán la última palabra. Eso es lo que me hace tener tanta esperanza en nuestro futuro. Por ustedes. Creo en ustedes. Por eso puedo ponerme aquí de pie, con la confianza de que el Estado de la Unión es fuerte.

Gracias, que Dios los bendiga y que Dios bendiga a Estados Unidos de América.

<https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2016/01/12/comentarios-del-presidente-barack-obama-discurso-sobre-el-estado-de-la>