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Leyes más duras frente al terrorismo 

Ayer fue un día muy duro para todos. Desde las 5 de la tarde estuve pegada a Twitter y viendo la tele, un horror que te encoge una vez más el corazón. Desde este espacio quiero dar el pésame a las familias de los fallecidos, madres, niños, abuelos… todos rotos. Y a los heridos desearles una pronta recuperación. 

Mi pequeña reflexión sobre la necesidad de unas leyes más duras para los que preparan, organizan, promueven o financian el odio y el terror, los fundamentalistas, yihadistas o como se hagan llamar. Han pasado 13 años desde el atentado de Atocha pero no ha sido porque no lo hayan intentado. La lucha antiterrorista en España ha frustrado muchos atentados. El de ayer se esperaba. Cataluña es un territorio donde parece que los yihadistas lo tienen muy fácil. 

Creo que es una labor de la Unión Europea garantizar la paz y la seguridad que es precisamente el fin para el que se creó en origen después de la II Guerra Civil. Lo de las subvenciones y los proyectos está muy bien pero no me sirve si mis hijos no pueden ir de vacaciones y hacer turismo, bailar en una discoteca o pasear libremente sin miedo. 

El terrorismo yihadista no puede ser afrontado por un solo país y lo que es más grave, por unos pocos partidos políticos. No se puede permitir que en democracia se justifique un atentado o a quienes lo hacen se les llame víctimas. No hay un terrorismo bueno y otro malo y ayer leí a Otegi preocuparse por las víctimas de Barcelona cuando ha justificado las casi 1000 víctimas de eta (me niego a ponerles mayúsculas). 

<http://www.telemadrid.es/noticias/nacional/noticia/el-terrorismo-yihadista-vuelve-golpear-espana-13-anos-despues-del-11m>

Unidad si, cooperación institucional también, velas y oraciones por las victimas siempre. Pero sin leyes que persigan y castiguen contundentemente a terroristas fundamentalistas el trabajo de la policía y todos los demás fuerzas y cuerpos de seguridad no estará completo. 

Los ciudadanos debemos exigir seguridad por encima de todo. Yo me sentiré más libre si me siento segura  que con miedo.  <http://www.eldiario.es/sociedad/TEDAX-acuden-explosion-siguen-desescombro_0_676832533.html>

MJN 

El último gran discurso de Obama

En el último discurso del Presidente Obama sobre el Estado de la Unión me han llamado la atención algunas ideas por la importancia que tienen no solo para EEUU sino para el mundo. Es la forma en la que los americanos conciben su propia realidad y nos dice mucho de su forma de entender la vida. Cuando parece que se ha alcanzado un acuerdo entre EEUU y Rusia para la primera tregua en la guerra de Siria que entrará en vigor en los próximos días merece la pena saber cómo siente el pueblo estadounidente en palabras de su Presidente.

Reproduzco aquí algunos párrafos del discurso que se puede consultar íntegro en la web de The White House:

Vivimos en una época de cambios extraordinarios: cambios que están redefiniendo la manera en la que vivimos, la manera en la que trabajamos, nuestro planeta y el lugar que ocupamos en el mundo. Es un cambio que promete increíbles avances médicos, pero también perturbaciones económicas que presionan a las familias trabajadoras. Promete educar a niñas en las aldeas más remotas, pero también conecta a los terroristas que conspiran contra nosotros desde el otro lado del océano. Es un cambio que puede ampliar oportunidades o ampliar desigualdades.

Como dijo Lincoln, no nos aferramos a los “dogmas del pasado sereno”, sino que pensamos y actuamos de forma innovadora. Hicimos que el cambio trabajara en nuestro beneficio, siempre extendiendo la promesa de Estados Unidos hacia afuera, a la siguiente frontera, a más y más personas. Y, como lo hicimos, como vimos oportunidades donde otros vieron tan solo peligros, nos hicimos más fuertes y mejores que antes.

Así que hablemos sobre el futuro y sobre cuatro preguntas clave que tenemos que responder como país, independientemente de quién sea el próximo Presidente o quién controle el Congreso.

Primero, ¿cómo le damos a cada uno una posibilidad justa de tener oportunidades y seguridad en esta nueva economía? Segundo, ¿cómo haremos para que la tecnología juegue a nuestro favor y no en nuestra contra, especialmente cuando se trata de resolver los desafíos más urgentes como el cambio climático? Tercero, ¿cómo haremos para garantizar la seguridad de Estados Unidos y liderar el mundo sin convertirnos en la policía mundial? Y por último, ¿cómo haremos para que nuestra política refleje nuestras mejores virtudes en vez de nuestros peores defectos?

Obama

He dicho antes que todo el discurso sobre la decadencia económica de Estados Unidos es pura palabrería política. Y también lo es la retórica que oyen acerca de que nuestros enemigos son cada vez más fuertes y Estados Unidos cada vez más débil. Estados Unidos de América es la nación más poderosa de la Tierra. Punto. Ni siquiera está cerca. Gastamos más en nuestras fuerzas militares que las siguientes ocho naciones juntas. Nuestras tropas son las mejores fuerzas de combate de la historia del mundo. Ninguna nación se atreve a atacarnos, ni a nosotros ni a nuestros aliados, porque saben que eso les llevaría a la ruina.

Las encuestas demuestran que nuestra posición en el mundo es mejor que cuando salí elegido para este cargo, y cuando se trata de asuntos internacionales importantes, la gente del mundo no busca ayuda en Pekín o Moscú —nos llaman a nosotros.

A pesar de sus convenios económicos, Rusia vuelca sus recursos para apuntalar a Ucrania y Siria, estados que se les escapan de su órbita. Y el sistema internacional que creamos después de la Segunda Guerra Mundial ahora le está costando seguir el ritmo de esta nueva realidad.

Depende de nosotros ayudar a rehacer ese sistema. Y eso significa que tenemos que establecer prioridades.

La prioridad número uno es la protección del pueblo estadounidense y la persecución de las redes terroristas. Tanto Al Qaeda como ahora ISIL representan una amenaza directa contra nuestro pueblo, porque en el mundo actual, un puñado de terroristas que desprecian el valor de la vida humana, incluso de la propia, pueden hacer mucho daño. Usan Internet para envenenar las mentes de los individuos dentro de nuestro país y debilitan a nuestros aliados.

Pero a medida que nos centramos en la destrucción de ISIL, afirmar que esta es la Tercera Guerra Mundial es entrar en su juego. Masas de combatientes montados en camionetas y almas retorcidas que conspiran en apartamentos o garajes resultan un gran peligro para los civiles y deben ser detenidos, pero no son una amenaza para nuestra existencia nacional. Esa es la historia que ISIL quiere contar; es el tipo de propaganda que ellos usan para reclutar.

No necesitamos darles más publicidad para mostrar que somos serios, ni necesitamos alejar aliados vitales en esta lucha haciéndonos eco de la mentira de que ISIL representa una de las religiones más grandes del mundo. Solo tenemos que llamarles lo que son: asesinos y fanáticos que tenemos que localizar, perseguir y destruir. Cuando alguien ataca al pueblo estadounidense, vamos a por ellos. Puede llevar tiempo, pero tenemos buena memoria y nuestro alcance no tiene límites.

Tampoco podemos intentar hacernos cargo y reconstruir cada país que entre en crisis.

Estados Unidos siempre entrará en acción, de ser necesario por su propia cuenta, para proteger a nuestro pueblo y a nuestros aliados; pero con respecto a los temas de interés global, movilizaremos al mundo para que trabaje con nosotros, y nos aseguraremos de que otros países pongan de su parte.

Así es como vemos los conflictos como el de Siria, donde nos hemos unido a las fuerzas locales y estamos liderando esfuerzos internacionales para ayudar a esa sociedad descompuesta a conseguir una paz duradera. Por ese motivo creamos una coalición global con sanciones y una diplomacia de principios para evitar que Irán tuviera armas nucleares. Mientras hablamos, Irán ha dado marcha atrás a su programa nuclear, ha remitido su arsenal de uranio y el mundo ha evitado otra guerra.

El liderazgo de Estados Unidos en el siglo XXI no es una elección entre no hacer caso al resto del mundo, excepto cuando asesinamos a terroristas; u ocupar y reconstruir cualquier sociedad que se esté desmoronando. El liderazgo significa saber usar sabiamente la fuerza militar y movilizar al mundo detrás de las causas justas. Significa tratar la asistencia al extranjero como parte de nuestra seguridad nacional, no una beneficencia. Cuando estamos a la cabeza para guiar a casi 200 naciones hacia el acuerdo más ambicioso de la historia en la lucha contra el cambio climático, eso ayuda a los países vulnerables, pero también protege a nuestros hijos. Cuando ayudamos a Ucrania a defender su democracia, o a Colombia a resolver una guerra que ha durado décadas, eso fortalece el orden internacional del cual dependemos. Cuando ayudamos a los países africanos a alimentar a sus pueblos y a cuidar a sus enfermos, eso ayuda a evitar que la próxima pandemia llegue a nuestras costas. Ahora mismo estamos encaminados a dar fin al flagelo del VIH/SIDA y tenemos la capacidad de conseguir lo mismo con la malaria, lo cual voy a promover para que lo financie el Congreso este año.

Eso es fuerza. Eso es liderazgo. Y ese tipo de liderazgo depende del poder de nuestro ejemplo.

Esto me lleva al cuarto punto, y tal vez lo más importante que quiero decir esta noche.

El futuro que queremos, oportunidad y seguridad para nuestras familias, un nivel de vida cada vez mayor y un planeta sustentable y en paz para nuestros hijos; todo eso está a nuestro alcance. Pero solo ocurrirá si trabajamos juntos. Solo ocurrirá si podemos mantener debates racionales y constructivos.

Solo ocurrirá si arreglamos nuestra política.

Una política mejor no significa que tengamos que estar de acuerdo en todo. Nuestra vida pública se marchita cuando solo reciben atención las opiniones más extremas. Hay mucha gente en esta cámara que querría ver más cooperación, un debate más elevado en Washington, pero se sienten atrapados por la presión de verse reelegidos. Lo sé, ustedes me lo han dicho. Y si queremos que la política mejore, no valdrá solo con cambiar a un congresista o a un senador, o incluso a un presidente; tenemos que cambiar el sistema y mostrar nuestro lado más positivo.

Es más fácil ser cínicos; aceptar que el cambio no es posible, que no hay esperanza en la política y creer que nuestras voces y acciones no importan. Pero si nos rendimos ahora, cedemos un futuro mejor. Aquellos con dinero y poder ganarán más control sobre las decisiones que podrían mandar a un joven soldado a la guerra, o dejar que ocurra otro desastre económico, o perder los derechos de igualdad y los derechos de voto que generaciones de estadounidenses han conseguido con su lucha e incluso con sus vidas. A medida que aumente la frustración habrá voces que nos pedirán que nos refugiemos en nuestras tribus, que otros conciudadanos sean el chivo expiatorio, un grupo que no se parezca a nosotros, o que no rece como nosotros, o que no vote como nosotros ni comparta los mismos orígenes.

No podemos permitirnos elegir ese camino. No nos dará la economía que queremos, ni la seguridad que buscamos, pero sobre todo contradice todo lo que nos define como la envidia del mundo.

Permanecer activos en nuestra vida pública para que refleje la bondad, la decencia y el optimismo que veo en el pueblo estadounidense cada día.

Lo veo en el estadounidense que cumplió una condena y que sueña con empezar de nuevo, y en el propietario de un negocio que le da esa segunda oportunidad. El activista empeñado en demostrar que la justicia importa, y el joven policía que hace sus rondas, que trata a todos con respeto, que hace el trabajo valiente y callado de mantenernos seguros.

Lo veo en la señora mayor que esperará en fila para votar el tiempo que sea necesario; el nuevo ciudadano que vota por primera vez; los voluntarios en las urnas que creen que cada voto debería contar, porque cada uno de ellos sabe de una manera u otra lo preciado que es ese derecho.

Ese es el Estados Unidos que yo conozco. Ese es el país que todos amamos. Con la mirada perspicaz. Con el corazón grande. Con el optimismo de que la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán la última palabra. Eso es lo que me hace tener tanta esperanza en nuestro futuro. Por ustedes. Creo en ustedes. Por eso puedo ponerme aquí de pie, con la confianza de que el Estado de la Unión es fuerte.

Gracias, que Dios los bendiga y que Dios bendiga a Estados Unidos de América.

<https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2016/01/12/comentarios-del-presidente-barack-obama-discurso-sobre-el-estado-de-la>

Las sentencias del Tribunal Constitucional deben cumplirse

¿Quién puede pensar que una sentencia del Tribunal Constitucional no se cumple? Pues muchos no solo lo piensan sino que lo hacen. Y mientras que si no pagas una multa de tráfico o el IBI existen mecanismos para obligarte a hacerlo resulta que si se incumple una sentencia del Alto Tribunal no existen medidas para dotarle de capacidad para que sus resoluciones sean ejecutadas. Esto parece una broma y por eso Xavier García Albiol dijo cuando el Partido Popular ha presentado en el Congreso de los Diputados una Proposición de Ley para poner solución a ésta situación la famosa frase: «La broma ha terminado»

El Tribunal Constitucional ha sido en los últimos 37 años garante de la convivencia y los derechos fundamentales de todos los españoles recogidos en la Constitución Española y es fundamental que se acompañe del absoluto respeto a sus decisiones.

CE

Hay quienes se preguntan si es una medida electoralista para actuar frente al desafío independentista del Presidente Catalán Artur Mas. Yo les díría que lo que es seguro es que no actuar podría ser cuanto menos prevaricación porque todos los españoles sabemos que no actuar es permitir que las cosas se hagan mal sabiendo que se están haciendo mal. Y luego están las comparaciones inevitables con otras situaciones como por ejemplo si un ciudadano incumple una resolución administrativa ve como toda la fuerza de la maquinaria pública cae sobre él, ya sea por no presentar en plazo una declaración de IVA o por coger el coche si tiene el carnet retirado.

La proposición de ley de reforma del TC permitirá que éste Tribunal sancione o incluso suspenda de sus funciones al presidente catalán, Artur Mas, si incumple sus sentencias, de forma similar a como ocurre en otros países. La desobediencia podrá costar la suspensión de las funciones y multas de hasta 30.000 euros. Porque si un ciudadano no puede desobedecer una sentencia no se puede permitir que una Institución Pública lo haga. Las leyes están para cumplirse y si no se cumplen y una sentencia así lo ratifica e insta a hacerlo no puede ser que se hagan oídos sordos y con ello se dé el mensaje a los ciudadanos de que la justicia no es igual para todos.

Lo que hace es precisamente proteger nuestro Estado de derecho que algunos quienes manipular a su antojo y asegurar la plena eficacia de nuestro Estado de Derecho siendo el propio Tribunal quien supervise y controle la ejecución de sus propias resoluciones como ocurre con los tribunales ordinarios. En España si los ciudadanos cumplen las sentencias los políticos y las instituciones públicas también.

Se tramitará esta reforma durante el mes de octubre en las Cortes Generales y se espera que pueda ser aprobada definitivamente antes de que acabe la legislatura porque este Gobierno va a seguir trabajando hasta el último día y no va a dejar de hacerlo por responsabilidad y compromiso con los ciudadanos.

Regiones

La proposición pretende modificar los artículos 83, 87, 92 y 95 de la ley orgánica del Tribunal Constitucional, al que dota de instrumentos para que pueda garantizar el cumplimiento de sus sentencias.

Según Hernando, en los últimos años se han visto situaciones de «desacato» e incumplimiento de las sentencias del TC, y esto «se tiene que acabar». Y se va a hacer adaptando las normas para defender los derechos del conjunto de los ciudadanos españoles, también de los que viven en Cataluña.

DEL WATCHDOG A LA JAURÍA MEDIÁTICA (I)

Artículo del Profesor Muñoz-Alonso, catedrático de Derecho Constitucional publicado en El Imparcial y reproducido en este blog con su consentimiento.

España ha llegado a ser, en estos últimos tiempos, el ejemplo más cumplido y sin paralelo de eso que se llama la “democracia mediática”. Pero, acaso por las peculiares características de este país nuestro y de las gentes que lo habitamos o quizás por otros imprecisos azares, aquí se han magnificado todos los elementos negativos del modelo a costa de los positivos que, sin duda alguna, posee. La prensa libre e independiente nació casi simultáneamente con los modernos sistemas representativos y, desde luego, es coetánea con el parlamentarismo, primero inglés, después continental/europeo. Desde el primer momento, y sin que tuviera que atribuírselo ninguna norma constitucional, esa nueva prensa asumió un papel de crítica y control de la acción política y gubernamental, que denunció con acierto los abusos y errores que se cometían tanto en ese ámbito político, como en otros espacios de la sociedad. Esa función se concretó en la imagen del “watchdog”, el perro vigilante que, con sus ladridos, advierte de los fallos y de las equivocaciones y denuncia los excesos y las arbitrariedades. Pero también desde el primer momento se percibió que algunos periódicos hacían un uso vicioso y destemplado de esa función pública que la sociedad les había asignado, extralimitándose en su ejercicio hasta intolerables extremos. Thomas Jefferson que, antes de llegar al poder, había pronunciado aquella famosa frase de “prefiero periódicos sin gobierno a gobierno sin periódicos”, una vez convertido en el tercer presidente de los Estados Unidos, víctima de una furiosa e injusta campaña de prensa, se quejaba ya de los abusos con que se practicaba la recién nacida libertad de prensa. En una carta que escribió en 1807, desengañado por los brutales ataques periodísticos de que era objeto, escribió: “Nada se puede creer de lo que se lee ahora en un periódico. La verdad misma se vuelve sospechosa al colocarse en ese instrumento contaminado”. Y llegaba a la melancólica conclusión de que “una persona que nunca eche una mirada a un periódico está mejor informada que quien los lee, del mismo modo que el que no sabe nada está más cerca de la verdad que aquel cuya mente está llena de falsedades y errores”. Algunos años después, Alexis de Tocqueville, visitando aquella primera y bullente democracia escribía: “La prensa es esa potencia extraordinaria, tan extrañamente compuesta de bienes y males que sin ella la libertad no podría vivir, y con ella apenas puede mantenerse el orden”. Ya más cerca de nosotros, el mítico editor de The Washington Post en la época del escándalo Watergate, Benjamin D. Bradlee, recientemente fallecido, constataba, seguramente un tanto resignado, que “la libertad de prensa incluye la libertad de equivocarse e incluso la libertad de ser irresponsable”. Y esta situación de patente e impune irresponsabilidad se ha desmadrado hasta extremos inimaginables cuando los medios audiovisuales, sobre todo la televisión, han monopolizado, de hecho, la información y el debate políticos. Por no hablar de la revolución digital en marcha, que permite el acceso a la información en tiempo real y sin aludir a la cloaca, mezcla de ignorancia y mala leche, en que parecen recrearse las redes sociales. Lo que no se ha producido en España -a diferencia de otras democracias- es el menor atisbo de crítica o autocrítica de los medios. Ni éstos han llevado a cabo esa tarea de introspección y análisis de su comportamiento (ahora que tantos periodistas se autotitulan “analistas”) ni, salvo en muy escasa medida, la Universidad o la propia sociedad se han ocupado o atrevido de acometer tal tarea. Los periodistas no lo hacen (“perro no muerde a perro”) y a los demás les paraliza el miedo al poder de los medios. A mediados de los noventa -y con motivo de una campaña electoral que había sido especialmente negativa por los métodos que se utilizaron- la revista Newsweek, que ahora lucha por sobrevivir, llegó a considerar a los mass media, como los llaman por allá, “el enemigo público número uno” y los acusó de ser “una fuerza destructiva de la vida americana, más interesados en demoler que en facilitar la información que la gente realmente necesita conocer”.

Poco después, un conocido y estimado periodista, James Fallows, publicó un libro Breaking the News, cuyo subtítulo es todo un editorial: “Cómo los medios socavan la democracia americana”. Denunciaba Fallows la pérdida de los valores del periodismo clásico, esencialmente la búsqueda de información útil para el público, desplazados por una cobertura cínica y negativa de la política y acusaba a los medios de hacer su tarea con una dosis excesiva de superficialidad y frivolidad. Comentando aquel libro yo escribí que “si los periodistas norteamericanos son resistentes a las críticas, los españoles están acorazados y son absolutamente reacios a cualquier autocrítica”. Esa actitud ha crecido ahora exponencialmente. ¡Hay que ver el trabajo que les cuesta a los medios españoles rectificar las numerosas falsedades o inexactitudes, voluntarias o no, que diariamente publican! Por no hablar de esa indigesta mezcla de información y publicidad con que ahora algunos medios nos obsequian.

También en Francia se han registrado algunas saludables críticas. Dominique Wolton, un gran especialista en comunicación, se ha quejado de la “deriva” que nos ha conducido a la “hipermediatización” de la realidad y a la importancia exagerada atribuida a los sondeos que se toman como expresión natural de la opinión pública, cuando no son más que “la respuesta de ésta, en unas condiciones muy particulares, a una cuestión planteada por quienes encargan la encuesta” y, podríamos añadir, al servicio de sus particulares intereses, políticos o económicos.

Otro bien conocido autor, Alain Minc, muy relacionado con el mundo de los medios, se quejaba de que “la legitimidad ha cambiado de sentido: pertenece más a los medios que a los políticos”. “El duelo es desigual –continuaba- entre el hombre público y el periodista. Para el segundo prevalece una cuasi impunidad. Para el primero, por el contrario, la sanción psicológica es instantánea”. Y describía “un nuevo tipo de hombre público, inquieto ante el juez, angustiado por los medios, obsesionado por la opinión”. Se quedaba corto Minc, con lo de la “sanción psicológica” pues ahora los medios piden sangre o, como mínimo, cárcel inmediata.

Joaquín Leguina, uno de esos lúcidos políticos que desaprovecha el socialismo, se preguntaba el domingo en una entrevista, respondiendo al nuevo deporte nacional de la cacería del político que con tanto gusto y saña practican no pocos periodistas: “¿Por qué no fusilan a los políticos al amanecer y así se ahorran la pensión?”

En ese género desigual y proteico que son las tertulias -en las que, por cierto, siempre se ve y se oye a los mismos- demasiado a menudo, se parte de la premisa de que los políticos no tienen derecho ni a la presunción de inocencia –aunque hipócritamente no se deje de aludir a la misma- ni tampoco, por supuesto, derecho alguno a lo que se denominan “bicocas” o “inaceptables privilegios”, en forma de ordenadores, móviles, taxis o viajes como es habitual en todos los Parlamentos de Europa occidental. La nefasta tradición inquisitorial renace con frecuencia en nuestro país. Estos nuevos inquisidores no parecen haberse dado cuenta de que los parlamentarios españoles renunciarían son gusto a todas esas “bicocas” si se les diera un sueldo comparable al de su colegas de nuestro entorno, que a veces no acaban de creerse lo “privilegiados” que están sus homólogos en España. ¿Se han parado a pensar que mientras el Senado de España tiene un presupuesto de poco más de 50 millones el Senado francés dispone de diez veces esa cantidad? Claro que, para estos eximios especialistas en derecho constitucional comparado, tal comparación no tiene sentido porque habría, sin más, que suprimir el Senado. ¡Si lo sabrán ellos!

Dejamos para la semana que viene proseguir la reflexión sobre esta patológica situación de nuestra democracia que con el pretexto de la lucha contra la corrupción, que a todo bien nacido asquea -y que es especialmente repugnante cuando afecta a quienes, engañosamente y a la busca delictiva de sus propios intereses, se han dedicado al servicio público- se ha arrojado la sospecha sobre tanta gente honrada que trabaja por España y por sus conciudadanos. Desde fuera del sistema se ha acuñado esa despectiva expresión de “la casta” que busca no solo desacreditar a los políticos, a todos sin excepción, sino a las instituciones, a las que ya se declara, caprichosamente, caducas.

Y lo peor es que periodistas de todos los colores aceptan esa despectiva denominación y se han sumado a esa manifestación con un entusiasmo tan ruidoso como desconcertante. Alejandro Muñoz-Alonso

Menuda semana para Rajoy

En la última semana Rajoy ha comparecido en el Senado donde tuvo que improvisar una declaración contra la corrupción 24 horas después de la operación “Púnica” y habló del referendum ilegal en Cataluña, también hizo frente el fin de semana a una inesperada polémica sobre los viajes del ex-senador y actual Presidente de Extremadura y hoy mismo ha hecho una comparecencia en la Moncloa sobre la consulta catalana del pasado domingo.

Para quienes dicen o, mejor dicho, le han puesto el sanbenito de que no habla, parece que no está nada mal. El Presidente no puede estar todos los días en el Telediario dando opiniones, debe gobernar este país. En un breve repaso de estas tres intervenciones recuerdo que el martes 28 pidió perdón a todos los españoles por los escándalos de corrupción, dijo entender y compartir la indignación de tantos españoles ante la acumulación de escándalos y que iba a tomar más medidas para que ningún cargo público como el estatuto del alto cargo y la ley de control de la actividad económica y financiera de los partidos.

Estas medidas se sumarán a algunas reformas ya puestas en marcha como la obligación de declarar y hacer públicos todos los sueldos, subvenciones y contratos de la Administración. Recuerdo que él mismo fue el primero en publicar en la web de Moncloa su declaración de la renta, no como el entonces secretario general del Psoe, el señor Rubalcaba, que no la encontraba y dijo que la iba a pedir a Hacienda. Yo nunca la ví.

También ha sido este Gobierno el que ha endurecido las penas por prevaricación y ha ampliado los supuestos de tráfico de influencias. El que ha puesto en marcha la Ley de Transparencia y el que obliga a la declaración de bienes y patrimonio a todos los altos cargos al inicio y al final de su mandato. Podremos discutir si los sueldos son altos o si tendríamos que ser mileuristas, si un diputado o senador debe ganar más o menos que un profesor universitario o un futbolista, pero desde luego lo que no se puede negar es que en los sueldos públicos no hay economía sumergida.

Pero lo más importante es que precisamente las noticias que conocemos y que tanto nos escandalizan a todos son la viva muestra de que el Estado de Derecho funciona, porque las investigaciones de la Policia y Guardia Civil son exhaustivas y la Justicia, aunque tarde, también funciona.

Por cierto me llamó la atención la foto de todos los Presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia pidiendo que se redujeran los aforados: estoy totalmente de acuerdo. Este país no puede permitirse 7.500 jueces y fiscales y 2.500 políticos aforados.

Así como el pasado martes en el Senado el Presidente dijo al senador Montilla que le gustaría encontrar una solución a la situación en Cataluña pero que no cree que haya que darle algo a cambio a quien convoca un referendum ilegal, hoy en la Moncloa el Presidente ha añadido que el domingo no se celebró un referendum. Lo que se hizo fue un simulacro que no tenía ninguna garantía porque no había censo ni imparcialidad (algunos votaron 3 veces, votaron menores e inmigrantes pero no los catalanes que viven fuera de Cataluña y los “interventores” eran voluntarios separatistas).

A pesar del dinero gastado la Generalitat y sus amigos independentistas solo han logrado, según ellos que son los que han contado los votos, que 1,8 millones de catalanes (??) dijeran sí a la creación de un Estado catalán y a la independencia. Pero esto supone 1/3 del supuesto censo así que no parece lógico que una minoría imponga su voluntad al resto de ciudadanos. Porque para ser un verdadero demócrata hay que creerse que la democracia es el gobierno de la mayoría teniendo en cuenta la opinión de una minoría a la que no hay que ignorar pero no puede ser lo contrario. <http://www.lamoncloa.gob.es/presidente/actividades/Paginas/2014/12112014-comparecencia.aspx> Me quedo con algo también muy importante que nos ha dicho hoy nuestro Presidente Rajoy: si el Psoe cree que hay que reformar la Constitución que presenten una propuesta, que digan qué quieren reformar y cómo, qué objetivo tienen con esa reforma porque el Gobierno está abierto a hablar y debatir sobre el tema. Pero si nadie sabemos qué es exactamente lo que quieren ni para qué dificilmente este Gobierno va a abrir un tema que no es ahora mismo la prioridad porque lo que los españoles queremos es trabajo y properidad, recuperar nuestra credibilidad, acabar con la corrupción y poder vivir seguros y en paz. Al menos es lo que yo quiero.

El Tribunal Constitucional suspende la consulta en Cataluña

Primero convocan referéndum y después consulta. Sabían desde la Generalitat que el Gobierno de España no iba a quedarse impasible frente a un incumplimiento de la legalidad, de nuestra norma fundamental, la Constitución Española. Rajoy dijo hace un año que no iba a permitir que se hiciera un referéndum ilegal en Cataluña para promover una segregación del Estado Español.

A tan solo 5 días de esa consulta que se anuncia para el día 9, el Tribunal Constitucional ha aceptado por unanimidad y por segunda vez el recurso que el Gobierno ha presentado y que paraliza la convocatoria de una especie de desafío que va más allá de lo razonable y sensato desde una institución que precisamente lo es porque está amparada por la Constitución, de un Presidente, que lo es, porque lo reconoce la Constitución.

Sinceramente pensaba que con la primera suspensión del anunciado referéndum la Generalitat iba a parar pero ví con asombro como empezaban a llamar a los directores de los colegios para que abrieran los colegios y convocaban a voluntarios en los medios de comunicación para organizar esa consulta. Y para colmo acabamos de comprobar que “Mari Fé de Triana” con domicilio en Paseo de Gracia 14 se puede registrar para votar… y le asignan una mesa. Esto no es serio en una Institución del Estado como es la Generalitat de Cataluña y perjudica seriamente a la salud democrática de España. Mal ejemplo dan los dirigentes que no acatan la ley frente a los ciudadanos.

El Gobierno ha hecho lo que podía hacer desde el punto de visto jurídico, no podía actuar en tanto no se incumpliera la ley. Está siendo firme para no hacer concesiones políticas a Ciu y sus socios republicanos a cambio de cesar en esta iniciativa porque sabe que esto antes o después se volvería a repetir. Precisamente por evitarlo otros Presidentes hicieron concesiones de tipo fiscal y mejoras de tipo presupuestario y de inversión en esa Comunidad Autónoma y no consiguieron nada más que aplazar lo que ahora estamos viviendo.

La Constitución es muy clara y reserva en exclusiva para el Gobierno de la Nación la convocatoria de referéndum. Y como ha dicho hoy la Vicepresidenta del Gobierno, Sainz de Santamaría, ningún dirigente elige qué ley quiere cumplir. Y si no la cumple asumirá las consecuencias.

Razones para ser monárquica (II): los gestos de un nuevo Rey

Además de los motivos ya mencionados en mi anterior post y, una vez que puedo volver la vista atrás un par de semanas, me agrada ver cómo los gestos del nuevo Rey no me han defraudado. Es cuestión de generación creo yo. Empezaré por decir que quienes han criticado que al acto de Proclamación no hayan asistido miembros de otras casas reales o mandatarios de otros países igualmente hubieran criticado el gasto que eso hubiera ocasionado.

Porque, por ignorancia unos y por cinismo otros, nadie ha calculado que por protocolo los gastos de alojamiento y manutención así como traslados de tan ilustres invitados en Madrid hubieran corrido por cuenta de los anfitriones, o sea, los españoles. Hay que recordar la más elemental norma de urbanidad y es que “quien invita paga” y si cada uno de esos invitados hubiese venido acompañado de un séquito medio de por lo menos 6 personas, estaríamos hablando de unos gastos considerables ya que estoy segura que todos los países europeos e iberoamericanos, EEUU, Marruecos y muchos más no hubieran faltado al acto.

En el Senado la votación de la Ley Orgánica de abdicación de Su Majestad el Rey D. Juan Carlos nos dejó una clara idea de que los representantes políticos sabemos respetar y aceptar la decisión de quién a sido nuestro Rey desde la democracia.

La intervención de Barreiro, portavoz del Grupo Popular, giró en torno a la aclaración de que la abdicación es un derecho personal pero no es por sí sola condición suficiente porque estamos en una monarquía parlamentaria y necesita el refrendo de las Cortes Generales. El debate no era sobre el modelo de Estado, monarquía o república, ni sobre el modelo territorial. El debate era sobre si respetamos o no el pacto constitucional que otorga al rey la potestad personal de abdicar.

Y salvo 5 votos en contra, el Senado se reafirmó en la lealtad al pacto constitucional, a la monarquia parlamentaria.

Fue para mí muy emocionante el momento de la votación de una ley como ésta y haber sido como senadora por Murcia protagonista de la Proclamación de Felipe VI como el primer Rey español refrendado por las Cortes.

Ha pasado una semana y hemos visto cómo su primera reunión fue con las víctimas del terrorismo para que nadie olvide que los españoles les debemos mucho porque con su vida han luchado por la libertad que ahora disfrutamos. Aunque estaba previsto con anterioridad, la primera visita de los Reyes Felipe y Leticia ha sido a Cataluña para entregar unos premios y ese es el camino, porque hay que explicar que España quiere que Cataluña siga siendo una gran región española y hay que decirlo allí donde los que buscan el enfrentamiento y el odio siembran mentiras y desconcierto.

España necesita de estabilidad, consenso, armonía y hacer fuerte todo aquello que nos une por encima de las diferencias. Ese es el mensaje que desde hace una semana el Rey Felipe lleva por bandera y por eso, porque él está por encima de diferencias ideológicas, creo que es una buena razón para creer que la monarquía es la mejor opción para hacer que este país avance.

Si queremos construir el mejor futuro para nuestro país hemos de hacerlo mirando hacia delante y con la concordia como mejor ingrediente para mantener la democracia y la libertad que otros pueblos tanto admiran y desean.

Razones para ser monárquica (Parte I)

La última de las razones que he oído para defender un cambio de modelo de Estado me parece de lo más demagógico porque viene a plantear que cada vez que un español cumple la mayoría de edad tiene derecho a votar en referéndum si apoya nuestra Constitución de 1978. Con este argumento habría que explicar a estos grandes ideólogos que la Constitució de los Estados Unidos de América de 1787 es la norma constitucional más antigua que se encuentra en vigor actualmente en el mundo y que a través de enmiendas se ha ido adaptando a los tiempos sin que se haya sometido a referéndum cada cuatro años.

También la nuestra fue modificada en lo relativo al techo de gasto y estoy segura que tendremos que mejorar algunas cosas pero de ahí a aprovechar una circunstancia como la abdicación del Rey D.Juan Carlos para pedir un cambio de modelo de Estado y una república diría que es ganas de armar lio por parte de una minoría, de entre un 0,9 % de los españoles en mayo de 2013 y un 0,2% en mayo de 2014, que consideran que la Monarquía es un problema (datos del barómetro del CIS). Es decir, que los escándalos de Urdangarín han influido negativamente en el prestigio de nuestra Familia Real, que los españoles exigimos transparencia y honestidad a todos nuestros representantes, que en la última encuesta del CIS 2 de cada 1.000 españoles creen que la Monarquía es un problema y que la sorpresiva abdicación del Rey ha propiciado el momento oportuno para que los republicanos hagan más visibles sus aspiraciones.

Pero sin trampas porque no vale decir aquí que no somos súbditos sino ciudadanos ¡Hombre pues claro!, y vender la idea de que la república es la solución a los problemas de los españoles porque yo no creo que las repúblicas como Venezuela, Cuba o Corea del Norte sean el ejemplo a seguir y yo no cambio nuestra democracia representativa, nuestra Constitución y nuestra Monarquía Parlamentaria por ninguno de los sistemas comunistas que desde China a Cuba hay por el mundo.

Y ser demócrata no es, como he oído, que el Príncipe Felipe se someta a unas elecciones para ser Rey. Ser demócrata es cumplir con la legalidad vigente y la CE dice que la abdicación del Rey ha de resolverse mediante una ley orgánica, artículo 57.5. Ser demócrata es respetar que la CE es la norma fundamental del Estado, aprobada con un gran consenso histórico y refrendada en referéndum por la mayoría de los ciudadanos incluidos los que pertenecen a Izquierda Unida ya que fue esta constitución la que legalizó al Partido Comunista. Es paradójico que quienes precisamente aprobaron esta norma porque les legalizaba y les otorgaba todos los derechos constitucionales ahora llamen a la movilización tergiversando y confundiendo democracia con forma de Estado.

La forma del Estado español es la monarquía parlamentaria y esto se aprobó en referéndum por la inmensa mayoría de los españoles en 1978. Claro que los partidos que quieren una república pueden plantear una reforma de la constitución por el procedimiento que en esta se establece pero la democracia representativa es la garantía de que una minoría, por mucho que grite (y gritan muy fuerte) no va a conseguir en la calle lo que no pueden conseguir respetando los cauces democráticos.

No se puede reformar la Constitución Española incumpliéndola. Estamos en un Estado social y democrático de derecho gracias a esa Constitución que regula las funciones de los ministros, del Rey, de los jueces o de los parlamentarios.

Por cierto, no tienen empacho algunos en estar dentro y fuera: esos que gritan en la calle pidiendo un cambio de la norma están dentro del Congreso o el Senado con las mismas funciones que yo, con el mismo sueldo que yo y expresando con total libertad sus ideas. Y esto último no pueden hacerlo los opositores en regímenes comunistas, con sistemas políticos unipartidistas, que mandan a la cárcel a los disidentes o nombran sucesores a los hermanos de los presidentes.